A la hora de comprar discos rígidos externos para almacenar datos, con frecuencia sólo se observa la capacidad que tienen, si cuentan con un diseño atractivo o, sencillamente, nos fijamos en el precio. Algunos también empiezan a tener en cuenta si el disco es SSD, más rápidos pero mucho más caros, o magnético, más lentos pero más económicos.

Los que necesitan almacenar una cantidad de datos media, normalmente dejarán de lado los discos SSD por el precio que tienen (2 teras, unos 20 mil pesos). No obstante, si el presupuesto lo permite es recomendable comprarlos, por su mayor velocidad a la hora de trabajar con ellos.

Pero si se opta por uno magnético, que siguen siendo los más vendidos, hay que tener en cuenta algunas cosas que determinan la velocidad. Lo principal es sortear los cuellos de botella. Es decir, que algún elemento frene la transferencia de datos entre la PC y el disco. El principal cuello de botella puede ser el tipo de conexión. Es recomendable desterrar los discos que tengan sólo conexión USB 2.0, porque esta conexión frena mucho la velocidad de la transferencia de los datos.

Así que debemos tener en cuenta es que el disco al menos tenga conexión USB 3.0. Por lo general con esto será suficiente para evitar cuellos de botella. Pero mejor aún si es compatible con cables USB-C 3.1, un tipo de conexión que no está disponible en todas las computadoras. Este tipo de conexión ultrarrápida suele estar reservada para los discos duros externos SSD. También se puede contemplar la opción, sobre todo si usamos una Mac, de comprar uno con conexión Thunderbolt. Aunque esto encarece el precio del disco. Una vez que se verificó la conexión que dispone el disco es el momento de comprobar velocidades de lectura y escritura. En los magnéticos, estas dependen en gran medida de la velocidad de rotación del disco, que se mide en revoluciones por minuto (rpm).

Muchos de los discos duros externos, sobre todo los de 2 pulgadas y media de tamaño que no cuentan con fuente de alimentación, incorporan discos de 5.400 rpm. Lo que limita la velocidad de transmisión de datos. Si se busca más velocidad es mejor optar por un disco con una velocidad de 7.200 rpm. La velocidad de giro del disco se incrementa un 33% en estos. Eso sí, no es sencillo encontrar discos externos de pequeño tamaño de 7.200 rpm. Aunque existen. Lo normal es que esta clase de discos se vendan en formato de tres pulgadas y media y con una fuente de alimentación externa. Lo que limita su movilidad. Esto es así porque una mayor velocidad de rotación consume más energía.

Y si alguien se pregunta si existen discos magnéticos aún más rápidos la respuesta es sí. Los que usan la tecnología SAS en vez de la SATA, pero estos normalmente se reservan por su alto precio para profesionales.

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