Google anunció que en 2017 trabajará estrechamente con los fabricantes de teléfonos móviles para mejorar el flujo de actualizaciones de Android y así lograr una mayor homogeneidad  en su ecosistema. El principal problema hoy en día es la gran cantidad de firmas que desarrollan dispositivos que corren con esta plataforma, lo que llevó a que en 2016 la mitad de los 1.400 millones de equipos Android distribuidos en todo el mundo no hayan recibido parches de seguridad.

Vale destacar que Google ya tiene un antecedente similar, la creación de la Alianza de Actualización de Android, impulsada en 2011 por Andy Rubin, ex mandamás de la división móvil de la empresa, la cual no llegó a buen puerto. En ese momento se exigía a los fabricantes un plazo de 18 meses para actualizar sus productos; esto, claramente, se cumplió en muy pocos casos.

En diálogo con TechCrunch, la compañía aclaró que ha estado trabajando estrechamente con los fabricantes, logrando pasar de tiempos de espera de 6 a 9 semanas a solo días. “En Norteamérica, poco más del 78 por ciento de los dispositivos de alta gama estaban al día con la actualización de seguridad a finales de 2016”, aseguró el líder de seguridad Adrian Ludwig. Un ejemplo de eso es Samsung, que recientemente prometió liberar parches de seguridad cada mes.

Vale destacar que esta mejora en los tiempos de liberación de updates no significa que los equipos antiguos reciban nuevas versiones de Android de manera más rápida sino, que, en un principio, el objetivo es estar al día con las actualizaciones de seguridad.

Google añadió que está facilitando los despliegues de seguridad mediante la liberación de las llamadas actualizaciones A / B que reducen la probabilidad de que un teléfono falle después de instalar un parche. También reducirá el tamaño de las soluciones de seguridad para garantizar descargas más rápidas.

Respecto a la seguridad del SO, la firma también ha reducido el número de aplicaciones dañinas escaneando el Play Store más a menudo. Eso les ayudó a bajar la frecuencia de los troyanos en un 51,5 por ciento, las “puertas traseras” en un 30,5 por ciento, las aplicaciones de phishing en un 73,4 por ciento y los descargas hostiles en un 54,6 por ciento en comparación con 2015.

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