En esta semana Huawei presentó dos teléfonos: Mate 10 y Mate 10 Pro. Ambos traen una particularidad que para algunos resultará conocida: alcanza con conectar un cable HDMI al teléfono, un teclado y un mouse Bluetooth, y el teléfono se transforma en una computadora de escritorio. Corre una distribución desconocida de Linux y puede usar las aplicaciones de Android instaladas en el teléfono, superponerlas cada una en una ventana, etcétera.

Si suena conocido es porque el sistema es idéntico al Samsung DeX que debutó con los Galaxy S8 y S8+, a principios de año (y que también está disponible en Windows Phone desde 2015, con equipos de Nokia y de HP). El sistema de Huawei tiene una ventaja teórica: no requiere, como DeX, de una base especial para transformar al teléfono en una computadora de escritorio. Y permite usar el teléfono como un touchpad para interactuar con la pantalla grande.

Desde la firma surcoreana dicen que la base es una ventaja: permite cargar el teléfono mientras se usa como PC y usar periféricos cableados. Y Samsung redobló la apuesta al anunciar hoy que permitirá que sea el usuario quien elija qué distribución de Linux usará cuando “transforme” el teléfono.

La versión que incluye ahora tiene un escritorio, permite correr las aplicaciones de Android en ventanas y demás, pero tiene sus limitaciones; esto permitiría, por ejemplo, usar una versión de Ubuntu adaptada al hardware del teléfono y, más importante, actualizarla con el correr del tiempo: una de las falencias de la aventura en este punto de Motorola con el Atrix, hace más de un lustro, fue justamente que el software no se podía cambiar.

Según Samsung, gracias a la función “Linux on Galaxy” alcanzará con tocar el icono de la aplicación y transformar el teléfono en otra cosa, y abrir un escritorio convencional en la pantalla grande. Falta, no obstante, que los desarrolladores de software recojan el guante y adapten un Linux para estos teléfonos.

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